Una de
las inevitables consecuencias de meterse en la cama con la cabeza completamente
rota por tanto pensar es despertarse todavía peor. No sé de dónde he sacado las
fuerzas para levantarme esta mañana, solo podía pensar en las palabras de
Albert Espinosa: “desde pequeño he pensado que dormir te aparta del mundo, te
hace inmune a sus ataques. La gente solo puede atacar a los despiertos, a los
que están con los ojos abiertos”. Me encontraba peor que cuando tienes la
resaca más grande del mundo.
No sé cómo
poco a poco el día me ha ido cambiando, puede ser que sea verdad que la
universidad ayuda, que esta carrera de locos ayude, que la gente que está en la
universidad ayude, que el whatsapp ayude, incluso que el triviados ayude…
Quizá
fue entrar en casa derrotada y ver cómo me sonreías desde el sofá y sentarme a
comer a tu lado para contarte los mil detalles de mi día como siempre he hecho,
como cuando íbamos desde el instituto a casa y te aburría con tanta historia y
me enfadaba porque me dejabas de escuchar y tú te enfadabas más porque no te
dejaba conducir tranquilo y al final terminaba convenciéndote para poner música
y escuchábamos el flamenquito que tienes en el coche y nos poníamos a cantar
los dos al unísono, cómo me gustaría volver a esos días… Quizá fue la ilusión
que me hizo que te terminases comiendo la mitad de mi comida porque comer
siempre es buena señal. Quizá fue también que hoy haya sido el primer día que te
veo salir a la calle a dar un paseo y para mí eso significa que estás un
poquito mejor de ánimo que ayer, supongo que también tienes cambios repentinos
como yo. Y ahora me pongo a recordar la de paseos que hemos dado y lo mucho que
nos crispa tanto a mamá como a mí que en vez de posar ligeramente el brazo
sobre nuestros hombros lo apoyases con fuerza, como si nos fueses a hacer
encoger todavía más. Quizá fue ver como colgabas el teléfono para rechazar algo
que te apetecía un montón y yo pensaba que estarías triste y por eso no quise
hablarte, pero en cambio viniste a contarme cosas relacionadas con tus
compañeros de carrera y la federación de esquí y yo me reí contigo y fuimos
felices al menos 5 minutos más.
Me
gusta como el día puede cambiar así de rápido. Bueno, rectifico. Me gusta como
el día puede cambiar para bien así de rápido. De la nada te sientes feliz justo
cuando pensaste que no ibas a serlo nunca, obviamente no es la felicidad que
piensa la mayor parte de la gente, esa felicidad de tener el mismo dinero que
el tío de Zara, estar saliendo con Leonardo Dicaprio y tener el mismo cuerpo
que las modelos de Victoria Secret, yo me acabo de dar cuenta de que para mí la
felicidad es lo que reside en las pequeñas cosas (por mucho que suene a anuncio
de coca cola), en una mirada y una sonrisa en el momento en el que lo
necesitas, en sentir que el mundo es menos Mordor que ayer tanto para ti como
para las personas a las que quieres y también lo pasan mal, felicidad es ver
que tu madre no tiene los ojos rojos hoy y que tu hermana no tiene la voz
gangosa al teléfono.
Estoy
justo en el mismo sitio que ayer y siento que soy una persona diferente a la
que era ayer, esto no quiere decir que mañana no vuelva a retroceder porque
nadie ha dicho que yo no sea bipolar ni
que todos los días vayan a ser iguales.
Estoy
aquí y tengo ganas de decir a la gente que está conmigo que la quiero aunque no
lo diga a la cara, a esa gente que es capaz de preguntar un qué tal todos los
días por whatsapp sin miedo a que pueda contestar hecha un mar de lágrimas y no
callarme hasta mañana por la mañana, a esa gente que también tiene sus
problemas pero es capaz de escuchar los de los demás, a esa gente que me hace
reír día tras día en la universidad o en el autobús o de camino a casa…
Os regalo
silencio porque alguien me enseñó que es uno de los mejores regalos que puedes
hacer cuando estás mal.
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