martes, 16 de abril de 2013

La cabeza es redonda para que el pensamiento pueda cambiar de dirección.


Una de las inevitables consecuencias de meterse en la cama con la cabeza completamente rota por tanto pensar es despertarse todavía peor. No sé de dónde he sacado las fuerzas para levantarme esta mañana, solo podía pensar en las palabras de Albert Espinosa: “desde pequeño he pensado que dormir te aparta del mundo, te hace inmune a sus ataques. La gente solo puede atacar a los despiertos, a los que están con los ojos abiertos”. Me encontraba peor que cuando tienes la resaca más grande del mundo.

No sé cómo poco a poco el día me ha ido cambiando, puede ser que sea verdad que la universidad ayuda, que esta carrera de locos ayude, que la gente que está en la universidad ayude, que el whatsapp ayude, incluso que el triviados ayude…  

Quizá fue entrar en casa derrotada y ver cómo me sonreías desde el sofá y sentarme a comer a tu lado para contarte los mil detalles de mi día como siempre he hecho, como cuando íbamos desde el instituto a casa y te aburría con tanta historia y me enfadaba porque me dejabas de escuchar y tú te enfadabas más porque no te dejaba conducir tranquilo y al final terminaba convenciéndote para poner música y escuchábamos el flamenquito que tienes en el coche y nos poníamos a cantar los dos al unísono, cómo me gustaría volver a esos días… Quizá fue la ilusión que me hizo que te terminases comiendo la mitad de mi comida porque comer siempre es buena señal. Quizá fue también que hoy haya sido el primer día que te veo salir a la calle a dar un paseo y para mí eso significa que estás un poquito mejor de ánimo que ayer, supongo que también tienes cambios repentinos como yo. Y ahora me pongo a recordar la de paseos que hemos dado y lo mucho que nos crispa tanto a mamá como a mí que en vez de posar ligeramente el brazo sobre nuestros hombros lo apoyases con fuerza, como si nos fueses a hacer encoger todavía más. Quizá fue ver como colgabas el teléfono para rechazar algo que te apetecía un montón y yo pensaba que estarías triste y por eso no quise hablarte, pero en cambio viniste a contarme cosas relacionadas con tus compañeros de carrera y la federación de esquí y yo me reí contigo y fuimos felices al menos 5 minutos más.

Me gusta como el día puede cambiar así de rápido. Bueno, rectifico. Me gusta como el día puede cambiar para bien así de rápido. De la nada te sientes feliz justo cuando pensaste que no ibas a serlo nunca, obviamente no es la felicidad que piensa la mayor parte de la gente, esa felicidad de tener el mismo dinero que el tío de Zara, estar saliendo con Leonardo Dicaprio y tener el mismo cuerpo que las modelos de Victoria Secret, yo me acabo de dar cuenta de que para mí la felicidad es lo que reside en las pequeñas cosas (por mucho que suene a anuncio de coca cola), en una mirada y una sonrisa en el momento en el que lo necesitas, en sentir que el mundo es menos Mordor que ayer tanto para ti como para las personas a las que quieres y también lo pasan mal, felicidad es ver que tu madre no tiene los ojos rojos hoy y que tu hermana no tiene la voz gangosa al teléfono.
Estoy justo en el mismo sitio que ayer y siento que soy una persona diferente a la que era ayer, esto no quiere decir que mañana no vuelva a retroceder porque nadie ha dicho que yo no sea bipolar  ni que todos los días vayan a ser iguales.

Estoy aquí y tengo ganas de decir a la gente que está conmigo que la quiero aunque no lo diga a la cara, a esa gente que es capaz de preguntar un qué tal todos los días por whatsapp sin miedo a que pueda contestar hecha un mar de lágrimas y no callarme hasta mañana por la mañana, a esa gente que también tiene sus problemas pero es capaz de escuchar los de los demás, a esa gente que me hace reír día tras día en la universidad o en el autobús o de camino a casa…

Os regalo silencio porque alguien me enseñó que es uno de los mejores regalos que puedes hacer cuando estás mal.

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