Esta mañana me he despertado con el corazón temeroso, escondido en la oscuridad de un puño, asustado de la soledad de esa risa que ya no suena al otro lado de la puerta de mi habitación, con los restos de las lágrimas saladas que son ahora nuestro compañero de piso.
Esta mañana me he despertado y casi no podía moverme gracias a unos músculos que parecían no querer escuchar a mi cerebro, como si dependiesen de otra persona que no soy yo. No podía o no quería, habría sido mucho más fácil seguir en el calor de mi cama, sin tener que hacerle frente a los monstruos del día a día, sin tener que mirarme al espejo y darme cuenta de todo lo que ha cambiado en este poco tiempo que para mí es infinito, sin tener que ir a una ciudad que me ha quitado mucho más de lo que me ha dado.
Hace un año no me desperté con el corazón temeroso, ni con los músculos aletargados, tan solo con el cansancio de haber visto terminar una película a las tantas la noche anterior. Hace un año al despertar escuchaba tu respiración en la habitación de al lado y disfrutaba de tus "Buenos días pucurriqui" y de tus broncas por si iba a llegar tarde a coger el autobús. Hace un año mis labios tocaban tu mejilla sin afeitar con ese sabor a la colonia que ahora roza mi piel. Hace un año me fui de casa con la sensación de que aunque algo estaba mal, podíamos salir de este nudo como otras veces hemos salido.
Esta mañana en clase no sé si estaba más irritable o insoportable, no he sido capaz de aguantar el vuelo de una mosca inexistente y no he querido si quiera mirar el móvil ni una vez. Me he limitado a ser autista, a encerrarme dentro de una yo a la que a veces no reconozco, a pensar, pero no sé muy bien si pensaba en todo lo que ha pasado en este tiempo o si pensaba en que no tenía que pensar.
Hace un año en clase era un día normal, o eso parecía. El primero después de las vacaciones. Ese día en el que falta la mitad de la clase y la otra mitad no está disponible mentalmente. Hace un año era un día normal, hasta que mi madre me mandó aquel wasap y acabé dentro de las cuatro paredes de un hospital que al parecer ya conocía mucho más de lo que me habría gustado.
Me acuerdo hasta de la hora en la que nos dieron aquella noticia. Me acuerdo de cómo estaba colocada aquella habitación, del pasillo, del número que había en la puerta y cómo tuve que escapar de allí lo más pronto que pude para poder llorar tranquila, en la soledad de un asiento de autobús, en la puerta de una casa que me recibía sola.
Hoy cuando he llegado a casa seguía con el corazón temeroso, anhelando todos los momentos que nos hemos perdido, todos los días que han pasado. Con un nudo en la garganta que intenta afrontar que hoy hace un año que empezó a cambiarnos la vida de la que a veces nos quejábamos pero que hoy parece tan perfecta.
Hoy hace un año que empezó todo y llevo todo el día con esta sensación de deja vú (esa palabra francesa que parece querer decir "¿qué coño está pasando?") rondándome no solo la cabeza, sino el pecho. Mis pulmones tienen frío y mi corazón late deprisa porque seguro que recuerda que día marca el calendario.
Esta mañana me he despertado con el corazón temeroso. Y con una nube negra de recuerdos en la cabeza. Echándote de menos (para no perder la costumbre) y preguntando por ti a las paredes de esta casa.
Esta mañana me he despertado y había pasado un año de aquel 8 de abril.
Esta mañana me he despertado con ganas de decirte lo mucho que te quiero, lo mucho que te admiro, lo mucho que te echo de menos, lo mucho que me cuesta la vida sin ti...
Esta mañana no sé por qué me he despertado.