sábado, 31 de agosto de 2013

Tres meses

Hace tres meses que te busco y me pregunto dónde estás y solo te encuentro en sueños en los que me sonríes con esa dentadura que tiene un diente más entre los paletos mientras el lunar azul de tu mejilla sube al compás de la carcajada entrecortada que siempre has tenido y te arreglas el bigote con los dedos índice y pulgar y te sacas el pelo rizado del cuello de la camisa vaquera y me llamas cambiando el orden de algunas letras de mi nombre, como siempre, y todo parece estar bien. La mayor parte de las veces te busco en aquel sitio que compartimos cada año, yo creo que eran las semanas en las que más nos queríamos y más nos uníamos y más amigos nos hacíamos, sintiéndonos libres, con la fría brisa de cara y el cálido sol a la espalda. En realidad no importa el cómo ni el dónde, el sueño siempre acaba cuando te abrazo y te llevas todos mis miedos y problemas con tu olor, ese que ya sólo huelo en la ropa que yo misma llevo.  

Ojalá estuvieses aquí.

No soy capaz de separarme de tu reloj.