lunes, 29 de abril de 2013

18 años, 364 días y algunas horas

Los cumpleaños suelen ser momentos felices, no sé por qué si en realidad lo único que nos dicen es que nos hacemos cada vez más viejos, será algo que ha inventado el corte inglés para hacer regalos, como siempre, como en navidad y el día del padre. Pero si es cierto que recuerdo mis cumpleaños siendo feliz (salvo uno que me caí y me rompí el labio y luego parecía un monstruo de película o Carmen de Mairena) con todos mis compis de clase     comiendo generalmente comida basura y jugando al escondite o al pilla pilla o a lo que se nos ocurriera, comiendo pasteles de crema con mi familia cuando coincidía que era fiesta y preparando algo especial para comer, abriendo algún que otro regalo inesperado o leyendo una carta cursi de mi madre... 

No me acuerdo como fue mi 13 cumpleaños, ni el 14, ni el 15, supongo que como he dicho, con pasteles y algo rico de comer, pero si recuerdo el 16 y el 17 y el 18. 

Los 16 años, mis dulces 16, esos en los que según la Mtv hay que hacer una gran fiesta e invitar a todo el instituto, incluso a los que te caen mal para darles envidia, los pasé en Londres, bueno, quien dice Londres dice en una ciudad algo pequeña a dos horas de Londres, pero aún así queda mejor decir que en Londres. No le dije a nadie que era mi cumpleaños pero se enteraron y me gustó. Me gustó porque coincidió con la fiesta de despedida y había música y había gominolas (alcohol no porque íbamos con el instituto) y llevaba ropa nueva que me había comprado y había juegos para la Wii y todos me firmaron una tarjeta de cumpleaños y mis amigos me regalaron una pulsera de plata que todavía tengo, me gustó hasta ponerme roja mientras estaba en mitad de un círculo escuchando el cumpleaños feliz. Me gustó, no por sentirme importante, sí por sentirme querida (creo). Y en realidad, ahora que lo pienso, si fue algo como la Mtv porque había mucha gente de mi instituto e incluso gente que me caía mal... 

Los 17 fueron MUY distintos y eso que me hubiese gustado que fuesen iguales, supongo que soy así de infantil. Los 17, esos años en los que no eres ni menor de edad ni mayor de edad, estás completamente en el medio, una edad casi inútil. No me acuerdo por qué, pero fuimos a Madrid ese día a ver a mi hermana, no sé si porque tenía piso nuevo o por cualquier otra cosa, pero al fín y al cabo me gustó. Me gustó porque estábamos nosotros, mi padre, mi madre, mi hermana y yo (bueno y el único novio de mi hermana que me ha caído bien y ojalá que estuviesen juntos ahora...) y me gustó porque comimos una de mis comidas favoritas. Me gustó porque era el segundo año que pasaba mi cumpleaños fuera de la ciudad de todos los días, me gustó y eso que no me acuerdo qué me regalaron... 

Me pasé la mitad de mi adolescencia queriendo cumplir 18, la mitad del año que tuve 17 años queriendo cumplir 18, pero cuando llegó el momento no los quería cumplir, no me apetecía ser mayor de edad, no le busquéis explicación, no la tiene... Pero al final si que  me gustó ese día también a pesar de que hubo clase. Me gustó porque fui a cenar con mis amigos y luego fuimos a tomar un mojito, me gustó porque al día siguiente que era fiesta comimos todos en familia, me gustó y tampoco recuerdo qué me regalaron...

Este año es diferente, estoy a unas horas de cumplir 19 y creo que va a ser el peor cumpleaños de la historia. No me va a gustar. Y no me va a gustar a pesar de comer en familia y tener pasteles de crema. A pesar de saber lo que me van a regalar. No me va a gustar porque no sé como va a ser el día, no sé si lo pasaré con mis amigos, puede que no, no creo que vaya a beber mojito ni me de una vuelta por una ciudad inglesa... No me va a gustar porque por primera vez en mi vida tengo muchas cosas importantes que pedir al soplar las velas y porque sé que seguro que voy a estar intentando sacar sonrisas y al final acabaré llorando... 

Pero, quien sabe... igual resulta ser otro cumpleaños feliz porque como decía Albus Dumbledore en Harry Potter y el Prisionero de Azkaban (sí, soy así de friki) "La felicidad se puede hallar hasta en los más oscuros momentos si somos capaces de usar bien la luz" 

sábado, 27 de abril de 2013

Oda a la gente falsa.

¿Habéis visto la típica película en la que al protagonista le pasa algo muy malo y es en ese momento en el que se da cuenta de quién le apoya de verdad? 

Pues es algo tan real como la vida misma. Es triste no? 

Estoy un poquito harta de las típicas personas que te sueltan un "me tienes para lo que necesites" así, después de haber estado sin hablarte mil años y mil días y luego vuelven a desaparecer tal y como han aparecido y sí te he visto no me acuerdo, y tan tranquilos. Es esa gente que también te dicen "bueno, ya te iré preguntando" y como si no existieses más desde ese momento. 

Cuando era pequeña (llamemos pequeña a un intento de ser adolescente) siempre estaba la típica persona que hablando de los amigos que teníamos o dejábamos de tener en las redes sociales te decía "y de todos esos con cuantos puedes ir a tomar un café y contarle tus problemas?" . Ahora me doy cuenta de que no era una pregunta tan tonta como mi yo de trece años pensaba, si te paras a pensarlo y analizarlo bien solo te salen cuatro o cinco personas con las que puedes contar siempre. Pero no me quejo, no me importa, yo estoy feliz con mis cuatro o cinco personas porque siento que sí las tengo, no es una realidad paralela, están aquí, para hacerme reír, olvidar y para desahogarme sin pedir nada a cambio.

Hay otra cosa que no soporto de la gente, no sé que manía tienen de comportarse como radio patio, al final todo resulta ser como cuando de pequeños jugábamos al teléfono estropeado, desde el primero que lo cuenta hasta el último que lo recibe ha cambiado muchísimo la película, es otra completamente diferente. No me gusta que se vayan comentando cosas que no son ciertas y no me gusta tampoco que la gente no tenga la capacidad de venir a preguntarme las cosas antes de difundir lo que han oído y que es una mentira. No me gusta que se crean que son médicos y lo saben todo de cada una de las enfermedades porque no lo son y no lo saben... Pero supongo que el boca a boca es algo que no puedo parar ni aunque subiese a pedirle a Zeus que lanzase un rayo. 

Nunca me ha gustado la gente falsa, la ente que crees que es tu amiga y al final te das cuenta de que no, la gente que no es para nada tu amiga y son tan caraduras de pretender que sí, la gente que actúa por un simple corre ve y dile a tus espaldas... 

A vosotros, los falsos, gracias, hasta mañana y yo no estaré para lo que necesitéis. 

jueves, 25 de abril de 2013

Sin preguntas. Sin respuestas, sobre todo sin respuestas.

Los momentos de ansiedad llegan de la nada, te crees que estás bien y terminas teniendo un nudo en la garganta más grande que el Everest, más indestructible que el espíritu inmortal de un soñador, te crees que estás bien y ves el mundo tan borroso como un día de niebla o cuando llevas las gafas empañadas. 

Hoy estoy cansada, cansada de aparentar que estoy bien, cansada de poner una sonrisa a todo el mundo, cansada de escribir que estoy bien cada vez que me preguntan. Hoy detrás de cada bien se esconde un gran mal, un mal en mayúsculas. 

Supongo que las primeras veces en todo causan incertidumbre, así estamos ahora, sin saber que es lo que va a pasar, todo esto se ha convertido en un bucle en el que no hacemos nada más que esperar, nos sentamos, por lo menos nos sentamos juntos, y esperamos juntos, pero eso no quiere decir que la espera sea menos larga porque al fin y al cabo todos hacemos lo mismo, aparentamos que estamos bien cuando por dentro estamos hechos añicos. 

A veces tengo la sensación de que ya no sé coordinar las palabras, no sé como se forman las frases, solo deslizo los dedos por el teclado escribiendo lo primero que se me viene a la cabeza y aunque suena fácil, no lo es, no lo es porque ahora mi cabeza está llena de tantas cosas que da esta miedo estar aquí dentro, necesito vacaciones de mi propio pensamiento, ojalá tuviese un interruptor para apagarme. 

Me acabo de dar cuenta de que tengo nauseas y las tengo porque tú las tienes, es una sensación tan incomprensiblemente parecida al "si tú saltas, yo salto" de Titanic, pero menos bonito y todavía mucho menos positivo, ves, si ya no sé lo que digo. No tiene sentido. No me importa. Ojalá pudiese quitarte lo que tienes y tenerlo yo, no me daría tanto miedo, lo prometo. 

No sé si podré dormir hoy. No sé si quiero dormir hoy, es tiempo perdido. 

Los minutos pasan y cada vez estoy peor aunque digo que no.


domingo, 21 de abril de 2013

Aunque el frío queme, aunque el miedo muerda.


No sé cómo hemos llegado aquí, los últimos días han sido difíciles, de esos típicos días en los que esperas que te den malas malísimas noticias y al final te dan una menos mala y sientes que te han hecho el mejor regalo del mundo.

Tampoco sé cómo terminé siendo optimista y sintiéndome feliz, pero ahora estamos aquí, en un salón que parece hacerse más pequeño cuanto menos luz hay y miro como te quedas medio dormido en el sofá, es de esas veces que estás tan tan tan triste que solo te sale dormir. Y sé que te duele porque tienes el ceño fruncido como si estuvieses teniendo pesadillas y nos coges de la mano y es como si fuese pequeña otra vez, como cuando me dabas el dedo gordo y yo lo cogía y lo acariciaba con el mío una y otra vez para quedarme dormida. Y de la nada siento como mis ojos se convierten en balsas de agua salada y pestañeo fuerte deseando que las lágrimas se evaporen, pero no lo hacen y mientras miro a mi madre sé que a ella le pasa lo mismo, a veces me sorprendo de lo mucho que nos parecemos. En la tele ponen últimatum a la tierra, nadie le está haciendo caso, tampoco pasa nada, ya la he visto, pero llega la escena en la que el niño llora por su padre y de pronto me encuentro a mí misma llorando como una magdalena…

Estoy nerviosa, tanto que estoy insoportable, irascible y no aguanto ni a mi sombra. Me apetece gritarle al mundo por qué es tan injusto con nosotros, por qué está tan mal hecho, por qué carece de sentido…

Estoy nerviosa y me doy cuenta de que no me importa nada más, que ahora mi vida gira en torno a ti mucho más que antes, que ahora hablo de ti mucho más que antes, que no me importan ni pilotos de motos de 20 años ni teorías de psicólogos sociales que se llaman Aronson. Es como si no existiese nada más en el mundo, siento cosas que no me importan, tengo frío y no me importa, tengo hambre y no me importa…

Estoy nerviosa y sé que vosotros también, sé que todos también, que mañana van a ser horas larguísimas y llamadas constantes, que va a haber noticias nuevas, seguramente no buenas, pero sí necesarias. Sé que pase lo que pase no voy a olvidar un día como mañana, que no vamos a olvidarlo…

Estoy nerviosa y ya hasta escribo mal, bueno, eso si alguna vez lo he hecho bien y me entran ganas de borrarlo todo, pero no me quedaría tranquila porque sería como tragarme otra vez las palabras que me queman la garganta…

Estoy nerviosa, pero te quiero, hoy, ayer y mañana y juntos sobrevivimos hoy, ayer y mañana. 

martes, 16 de abril de 2013

La cabeza es redonda para que el pensamiento pueda cambiar de dirección.


Una de las inevitables consecuencias de meterse en la cama con la cabeza completamente rota por tanto pensar es despertarse todavía peor. No sé de dónde he sacado las fuerzas para levantarme esta mañana, solo podía pensar en las palabras de Albert Espinosa: “desde pequeño he pensado que dormir te aparta del mundo, te hace inmune a sus ataques. La gente solo puede atacar a los despiertos, a los que están con los ojos abiertos”. Me encontraba peor que cuando tienes la resaca más grande del mundo.

No sé cómo poco a poco el día me ha ido cambiando, puede ser que sea verdad que la universidad ayuda, que esta carrera de locos ayude, que la gente que está en la universidad ayude, que el whatsapp ayude, incluso que el triviados ayude…  

Quizá fue entrar en casa derrotada y ver cómo me sonreías desde el sofá y sentarme a comer a tu lado para contarte los mil detalles de mi día como siempre he hecho, como cuando íbamos desde el instituto a casa y te aburría con tanta historia y me enfadaba porque me dejabas de escuchar y tú te enfadabas más porque no te dejaba conducir tranquilo y al final terminaba convenciéndote para poner música y escuchábamos el flamenquito que tienes en el coche y nos poníamos a cantar los dos al unísono, cómo me gustaría volver a esos días… Quizá fue la ilusión que me hizo que te terminases comiendo la mitad de mi comida porque comer siempre es buena señal. Quizá fue también que hoy haya sido el primer día que te veo salir a la calle a dar un paseo y para mí eso significa que estás un poquito mejor de ánimo que ayer, supongo que también tienes cambios repentinos como yo. Y ahora me pongo a recordar la de paseos que hemos dado y lo mucho que nos crispa tanto a mamá como a mí que en vez de posar ligeramente el brazo sobre nuestros hombros lo apoyases con fuerza, como si nos fueses a hacer encoger todavía más. Quizá fue ver como colgabas el teléfono para rechazar algo que te apetecía un montón y yo pensaba que estarías triste y por eso no quise hablarte, pero en cambio viniste a contarme cosas relacionadas con tus compañeros de carrera y la federación de esquí y yo me reí contigo y fuimos felices al menos 5 minutos más.

Me gusta como el día puede cambiar así de rápido. Bueno, rectifico. Me gusta como el día puede cambiar para bien así de rápido. De la nada te sientes feliz justo cuando pensaste que no ibas a serlo nunca, obviamente no es la felicidad que piensa la mayor parte de la gente, esa felicidad de tener el mismo dinero que el tío de Zara, estar saliendo con Leonardo Dicaprio y tener el mismo cuerpo que las modelos de Victoria Secret, yo me acabo de dar cuenta de que para mí la felicidad es lo que reside en las pequeñas cosas (por mucho que suene a anuncio de coca cola), en una mirada y una sonrisa en el momento en el que lo necesitas, en sentir que el mundo es menos Mordor que ayer tanto para ti como para las personas a las que quieres y también lo pasan mal, felicidad es ver que tu madre no tiene los ojos rojos hoy y que tu hermana no tiene la voz gangosa al teléfono.
Estoy justo en el mismo sitio que ayer y siento que soy una persona diferente a la que era ayer, esto no quiere decir que mañana no vuelva a retroceder porque nadie ha dicho que yo no sea bipolar  ni que todos los días vayan a ser iguales.

Estoy aquí y tengo ganas de decir a la gente que está conmigo que la quiero aunque no lo diga a la cara, a esa gente que es capaz de preguntar un qué tal todos los días por whatsapp sin miedo a que pueda contestar hecha un mar de lágrimas y no callarme hasta mañana por la mañana, a esa gente que también tiene sus problemas pero es capaz de escuchar los de los demás, a esa gente que me hace reír día tras día en la universidad o en el autobús o de camino a casa…

Os regalo silencio porque alguien me enseñó que es uno de los mejores regalos que puedes hacer cuando estás mal.

lunes, 15 de abril de 2013

La vida es una hija de puta


Es gracioso entrar en twitter y ver que la gente te ha retuiteado “la vida es una hija de puta”. Sí, no suena gracioso, es una frase jodida de decir porque si la dices es que la vida te ha dado razones para hacerlo, pero para mí si es gracioso porque toda la gente que lo ha retuiteado no creo que tenga un problema ni la mitad de gordo que tengo yo ahora mismo y si me equivoco, lo siento.

Ahora mismo no sé qué siento, no sé qué decir, no sé qué pensar. Tengo miedo, por supuesto que lo tengo, no soy de piedra por mucho que no sea de las que dicen siempre “te quiero”. Me apetece meterme debajo del edredón y no salir, poco importa ya la claustrofobia. Lloraría hasta que me quedase sin lágrimas y me daría igual porque lloraría sangre hasta que me quedase también sin ella. Ahora mismo daría mi vida al diablo con tal de no perderte, no solo daría mi vida, le debería mil vidas al diablo con tal de no perderte, con tal de no levantarme un día y que no me digas “purruquiqui” o alguna palabra de las que te inventas y no tienen sentido, con tal de oír cómo te metes con mis pantalones de colorines pero después me dices que me quedan bien… Sé que me duele todo, me pesan las piernas, tengo los músculos atrofiados, dormidos, inamovibles (siempre he querido usar esta palabra), es como respirar sin pulmones, es tener ganas de gritar y que no te salga ni un triste susurro.

No voy a negar que me gusta que la gente me apoye o intente hacerlo o quiera estar ahí para mí, pero es difícil, difícil y chungo escuchar cómo te dicen todo el rato que seas fuerte, que no lo pienses y que todo va a salir bien cuando sabes que no, que nada pinta bien, y  que no tienes ni puta idea de lo que significa ser fuerte. Una amiga de mi hermana dice que ser fuerte es hacer cosas que no te apetece hacer y es verdad, no han pasado muchos días pero ya me he dado cuenta, ser fuerte es salir de la cama cuando no tienes ganas, ducharte cuando menos ganas tienes, reír cuando solo quieres llorar, estudiar cuando solo quieres abandonar la carrera y quedarte en casa todo el día. Eso es ser fuerte, intentar estar normal cuando vas jodido.

Me pongo a pensar en todo lo que significas para mí, en cómo eres la persona con la que más horas paso al día, siempre, desde pequeña, igual ahora menos, pero son cosas que no se olvidan. En todas las semanas en las que estábamos rodeados de nieve, en todas las conversaciones sobre deporte que siempre terminabas con la frase “ojalá te supieses así de bien las cosas de clase” pero en el fondo había orgullo tras tus palabras, en todas las cosas que tenemos pendientes, en la última promesa “cuando me ponga bien del estómago nos vamos a ver el baloncesto a Madrid”, en los planes futuros, en las discusiones pendientes…

Quiero llorar y no me gusta y todo se amontona en un lugar entre el estómago y el esófago y parecen ganas de vomitar pero no lo son, es lo que las madres y abuelas llaman “angustia” y que ahora, 19 años después logro comprender.

Y estoy aquí, en mi habitación, sentada delante de un fondo amarillo para emular el mundo amarillo porque es lo más cerca que tengo sobre el cáncer y me doy cuenta de varias cosas, una de ellas que hace dos años cuando me leí el libro por primera vez no me podía ni imaginar que esto iba a pasar, que iba a pasar por algo así, que la vida iba a ser tan puta con nosotros y también que es verdad todo lo que dicen sobre los libros, depende mucho el momento en el que te lo lees en las cosas que entiendes, la primera vez que lo leí me fijé mucho más en las cosas de la vida que cuando habla de cáncer y ahora que estoy casi metida de lleno, no puedo dejar de encontrarme la dichosa palabra entre frase y frase, pero supongo que esto también me viene bien y como he aprendido en clase, no hay que caer en la negación de una enfermedad porque luego se pasa peor.

Sigo en mi habitación y mi móvil no deja de vibrar, wachap tras wachap, repetir y repetir lo mismo una y otra vez y darte cuenta de lo malo que es el boca a boca porque en realidad nadie sabe la historia real. Y el móvil de mi madre suena y me gusta porque sé que también tiene gente que la apoya, pero duele, porque sé también que odia repetir exactamente igual que yo. Y el móvil de mi padre suena y es al que más le cuesta contar y me gusta oírle hablar con la gente porque es cuando más fuerte le veo, de cara al exterior y me gusta también por la mucha gente que tiene alrededor. Y el teléfono de casa suena y en realidad es siempre la misma historia y duele y nunca va a dejar de hacerlo sea lo que sea que nos digan el viernes.

Y mi cabeza está en todas partes menos en mi habitación, está en ti, en la palabra familia que ahora más que nunca se hace fuerte, en el futuro que es cada vez más incierto (ahora empiezo a comprender la palabra “incertidumbre” de la que tanto hablamos en clase), en el pasado al que tantas ganas tengo de volver. Y repito las palabras que llevo escuchando toda la semana “tienes que ser fuerte, piensa en otra cosa, todo va a salir bien” y sigo sin comprenderlas, pero no me importa, porque ya no me importa nada, las cosas que antes parecían un drama ya no lo son, incluso me da rabia haber llorado por aquellas estupideces que no tienen nada que ver con lo que es ahora.

Y quiero ser fuerte, pensar en otra cosa y que todo salga bien…