domingo, 21 de abril de 2013

Aunque el frío queme, aunque el miedo muerda.


No sé cómo hemos llegado aquí, los últimos días han sido difíciles, de esos típicos días en los que esperas que te den malas malísimas noticias y al final te dan una menos mala y sientes que te han hecho el mejor regalo del mundo.

Tampoco sé cómo terminé siendo optimista y sintiéndome feliz, pero ahora estamos aquí, en un salón que parece hacerse más pequeño cuanto menos luz hay y miro como te quedas medio dormido en el sofá, es de esas veces que estás tan tan tan triste que solo te sale dormir. Y sé que te duele porque tienes el ceño fruncido como si estuvieses teniendo pesadillas y nos coges de la mano y es como si fuese pequeña otra vez, como cuando me dabas el dedo gordo y yo lo cogía y lo acariciaba con el mío una y otra vez para quedarme dormida. Y de la nada siento como mis ojos se convierten en balsas de agua salada y pestañeo fuerte deseando que las lágrimas se evaporen, pero no lo hacen y mientras miro a mi madre sé que a ella le pasa lo mismo, a veces me sorprendo de lo mucho que nos parecemos. En la tele ponen últimatum a la tierra, nadie le está haciendo caso, tampoco pasa nada, ya la he visto, pero llega la escena en la que el niño llora por su padre y de pronto me encuentro a mí misma llorando como una magdalena…

Estoy nerviosa, tanto que estoy insoportable, irascible y no aguanto ni a mi sombra. Me apetece gritarle al mundo por qué es tan injusto con nosotros, por qué está tan mal hecho, por qué carece de sentido…

Estoy nerviosa y me doy cuenta de que no me importa nada más, que ahora mi vida gira en torno a ti mucho más que antes, que ahora hablo de ti mucho más que antes, que no me importan ni pilotos de motos de 20 años ni teorías de psicólogos sociales que se llaman Aronson. Es como si no existiese nada más en el mundo, siento cosas que no me importan, tengo frío y no me importa, tengo hambre y no me importa…

Estoy nerviosa y sé que vosotros también, sé que todos también, que mañana van a ser horas larguísimas y llamadas constantes, que va a haber noticias nuevas, seguramente no buenas, pero sí necesarias. Sé que pase lo que pase no voy a olvidar un día como mañana, que no vamos a olvidarlo…

Estoy nerviosa y ya hasta escribo mal, bueno, eso si alguna vez lo he hecho bien y me entran ganas de borrarlo todo, pero no me quedaría tranquila porque sería como tragarme otra vez las palabras que me queman la garganta…

Estoy nerviosa, pero te quiero, hoy, ayer y mañana y juntos sobrevivimos hoy, ayer y mañana. 

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