No sé
cómo hemos llegado aquí, los últimos días han sido difíciles, de esos típicos
días en los que esperas que te den malas malísimas noticias y al final te dan
una menos mala y sientes que te han hecho el mejor regalo del mundo.
Tampoco
sé cómo terminé siendo optimista y sintiéndome feliz, pero ahora estamos aquí,
en un salón que parece hacerse más pequeño cuanto menos luz hay y miro como te
quedas medio dormido en el sofá, es de esas veces que estás tan tan tan triste
que solo te sale dormir. Y sé que te duele porque tienes el ceño fruncido como
si estuvieses teniendo pesadillas y nos coges de la mano y es como si fuese
pequeña otra vez, como cuando me dabas el dedo gordo y yo lo cogía y lo
acariciaba con el mío una y otra vez para quedarme dormida. Y de la nada siento
como mis ojos se convierten en balsas de agua salada y pestañeo fuerte deseando
que las lágrimas se evaporen, pero no lo hacen y mientras miro a mi madre sé
que a ella le pasa lo mismo, a veces me sorprendo de lo mucho que nos
parecemos. En la tele ponen últimatum a la tierra, nadie le está haciendo caso,
tampoco pasa nada, ya la he visto, pero llega la escena en la que el niño llora
por su padre y de pronto me encuentro a mí misma llorando como una magdalena…
Estoy
nerviosa, tanto que estoy insoportable, irascible y no aguanto ni a mi sombra. Me
apetece gritarle al mundo por qué es tan injusto con nosotros, por qué está tan
mal hecho, por qué carece de sentido…
Estoy nerviosa
y me doy cuenta de que no me importa nada más, que ahora mi vida gira en torno
a ti mucho más que antes, que ahora hablo de ti mucho más que antes, que no me
importan ni pilotos de motos de 20 años ni teorías de psicólogos sociales que
se llaman Aronson. Es como si no existiese nada más en el mundo, siento cosas
que no me importan, tengo frío y no me importa, tengo hambre y no me importa…
Estoy
nerviosa y sé que vosotros también, sé que todos también, que mañana van a ser
horas larguísimas y llamadas constantes, que va a haber noticias nuevas,
seguramente no buenas, pero sí necesarias. Sé que pase lo que pase no voy a
olvidar un día como mañana, que no vamos a olvidarlo…
Estoy
nerviosa y ya hasta escribo mal, bueno, eso si alguna vez lo he hecho bien y me
entran ganas de borrarlo todo, pero no me quedaría tranquila porque sería como tragarme
otra vez las palabras que me queman la garganta…
Estoy nerviosa,
pero te quiero, hoy, ayer y mañana y juntos sobrevivimos hoy, ayer y mañana.
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