Me gustaría ser capaz de decir todo lo que quiero decir de forma ordenada y coherente, pero las palabras ahora son más mudas que antes, hay más caos en mi cabeza y más lágrimas silenciosas en mi estómago.
Esto es algo que tenía que pasar y no me siento culpable por decir que quería que pasase ya, no hubiésemos aguantado ninguno otros mil meses más así, sin poder hacer nada más que prolongar. Pero es imposible no acordarme de cómo era todo antes de esto. Y te echo de menos papá.
Te echo de menos porque no solo eras mi padre, ni mi profesor del instituto. Llegaste a ser mi amigo y mi enemigo a la vez, mi compañero de sofá siempre que había algún deporte, siempre discutiendo, como el perro y el gato, pero enfados de nada más que 5 minutos, luego todo volvía a la normalidad y seguíamos hablando de los fichajes del próximo año del Barcelona. Te echo de menos porque recuerdo los planes que hacíamos, cómo yo soñaba despierta y te lo contaba y sonreías, todavía no sé muy bien si era orgullo o te reías de mí, "ahí voy a trabajar yo" "cuando trabaje en el COE te traeré ropa fea de esa" "te llevaré a Aspen". Te echo de menos porque hay cosas que no sé a quién contárselas, porque eran las típicas que te contaba a ti y como una tonta pienso "ay...voy a contárselo a papá" y luego se me borra la sonrisa y me doy cuenta de que no puedo, ya no. Te echo de menos porque llenabas todo, te expandías como el universo, de forma constante y eras incapaz de estar callado y quieto durante más de 5 minutos y si alguna vez no se podía salir de casa, porque llovía por ejemplo, ya estabas llamándome cuando te aburrías solo para contarme una estupidez que no tenía nada de importancia, porque no soportabas estar solo. Te echo de menos porque ahora me acuerdo de las cosas que me dijiste y me hacen derramar lágrimas de felicidad y es que sabías dar los mejores consejos o al menos a mí me lo parecía, me acuerdo de las pistas que bajamos juntos, "tú delante" decías y al final siempre me adelantabas en los últimos 20 metros, de lo imposible que era ir de compras contigo, de los viajes en coche hacia el instituto, de la canción que siempre escuchábamos para volver a casa...
Me siento orgullosa de ser tu hija, de que tanta gente haya ido a decirte adiós porque eso quiere decir que para todos eres tan importante como para nosotras, de las palabras que te dedican los que te conocen, de lo enorme persona que eras. Orgullosa de que hayas sido tan fuerte hasta el final, un héroe hasta el final... Estoy orgullosa y feliz, de la despedida que te hemos dado, de haber sido lo suficientemente valiente como para hablar delante de todos y guardar el llanto para luego, te habría encantado oírlo todo, a ti que te gustaba ser el mejor en todo, con una despedida tan original...
Te echo de menos papá. Y esto no se me va a pasar, porque quiero recordarte todos los días de mi vida, quiero oler tu colonia todos los días de mi vida y ver la hora en tu reloj todos los días de mi vida.
Te quiero papá. Y por ti, voy a seguir, a jugar hasta el final, a llegar a lo más alto. Voy a ser como tú.
Gracias papá, por enseñarme tanto de la vida.